Cómo mantener el agua agradable, el espacio confortable y el consumo bajo control
En zonas donde el verano es largo e intenso —como ocurre en gran parte de España— una piscina mal diseñada puede convertirse en un problema: agua demasiado caliente, superficies que queman, zonas sin sombra y un uso limitado justo cuando más se necesita.
Por eso, en climas cálidos no basta con construir una piscina bonita. Hay que diseñarla específicamente para el calor.
1. Control de temperatura del agua
Uno de los errores más comunes es pensar que cuanto más sol reciba la piscina, mejor. En climas muy calurosos, el exceso de radiación puede elevar el agua por encima de lo confortable.
Algunas soluciones de diseño ayudan a mantener una temperatura agradable:
- Combinación equilibrada de sol y sombra.
- Revestimientos que no absorban demasiado calor.
- Mayor volumen de agua, que tarda más en calentarse.
- Sistemas de recirculación bien dimensionados.
El objetivo es evitar el “efecto bañera caliente” en pleno verano.
2. Colores y materiales que influyen en la sensación térmica
Los tonos oscuros absorben más calor, mientras que los claros reflejan mejor la radiación solar.
En climas cálidos suelen funcionar mejor:
- Revestimientos en tonos claros o naturales.
- Pavimentos que no acumulen calor excesivo.
- Materiales transpirables y antideslizantes.
Esto mejora tanto la temperatura del agua como el confort alrededor de la piscina.
3. Sombra como elemento esencial del diseño
En zonas de calor intenso, la sombra deja de ser un complemento y pasa a ser una necesidad.
Un buen proyecto incluye:
- Pérgolas o porches cercanos al vaso.
- Árboles bien ubicados para sombra natural.
- Toldos o sistemas móviles según la hora del día.
Sin sombra, la piscina se disfruta menos horas de lo que se espera.
4. Zonas poco profundas y espacios de descanso en el agua
Las playas húmedas, bancos sumergidos y zonas de baja profundidad son especialmente valiosas en verano:
- Permiten refrescarse sin nadar constantemente.
- Son ideales para niños y personas mayores.
- Se convierten en espacios de relax durante las horas más calurosas.
Transforman la piscina en un lugar de estancia, no solo de baño rápido.
5. Ventilación natural y orientación
El paso de brisas naturales ayuda a reducir la sensación térmica. Ubicar la piscina de forma que aproveche corrientes de aire habituales mejora el confort sin gasto energético.
La orientación también debe evitar zonas encajonadas donde el calor se acumula.
6. Ahorro y sostenibilidad en verano
En climas cálidos, el consumo de agua y productos puede dispararse por evaporación y mayor uso.
Un diseño inteligente ayuda a:
- Reducir pérdidas de agua.
- Mantener mejor la calidad del agua.
- Disminuir costes de mantenimiento.
Cubiertas, sistemas eficientes y buena planificación marcan una gran diferencia.
En resumen
En zonas de calor intenso, una piscina debe diseñarse pensando en temperatura, sombra, materiales y uso real. Cuando se hace bien, se convierte en un refugio fresco y confortable durante todo el verano. Cuando se improvisa, puede resultar incómoda y cara de mantener.
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